¿Sentiste alguna vez miedo de que suene el teléfono?

Que llame a las 2 am nunca puede ser señal de algo bueno.
Que llame con todo su ímpetu mientras corres desaforado por las escaleras
deseando que no se corte, que aguante un tono más.
Que llame y que sepas de antemano a quien le pertenece la voz que te espera del otro lado,
rezándole a todos los dioses en los que ya no crees que sea
un número equivocado,
o una máquina,
o una encuesta,
o una broma,
o lo que sea
menos eso que estas pensando y de lo que estás completamente seguro.

Que suene y te ametralle de inseguridad,
te paralice de pies a cabeza
y sientas que el corazón se te va a escapar por la boca de bombear tan fuerte.
Que suene cuando más lo querés olvidar y pegues un salto involuntario,
que mires sin querer mirar la pantalla,
conteniendo la respiración hasta saber qué tiene para decirte ese artefacto con tan pocos números que siempre encuentra la manera de localizarte y entonces sí, por fin, volver a exhalar tranquilo.
Que suene y no quieras atender,
que insista con su musiquita insoportable y no te queden márgenes para ignorarla.

Atender y que esa bola de nervios en la que se convirtió tu estómago reviente.
Atender sin darle tiempo a la ansiedad para que se manifieste,
atender y que todo se desmorone,
atender y que esos malditos demonios que no paran de acechar te amurallen las ilusiones,
atender y que tu peor pesadilla se vuelva realidad.

De tanto repetirla, lograron convertirla en una bandera marketinera: el amor no duele.
El amor puede ser y hacer tantas cosas.

El amor transforma,
enciende,
acompaña,
abraza,
promete,
vuela.

Pero también
decepciona,
golpea,
miente,
tropieza,
abandona,
lastima,
y duele.

El amor duele. Obvio que duele.
Porque no hay forma que no te duela cuando la persona que querés sufre una caída y no está en tu poder ayudarla a levantarse. No hay forma que no te duela cuando escuchas su voz del otro lado del teléfono y te dice eso que no quisieras oír jamás. No hay forma que no te duela cuando sentís que su mano empieza a soltarte lentamente y es inevitable.

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