Desarma y sangra: compendio de otro año que se va

Estoy segura que en más de una oportunidad les mencioné mi desamor por lo cliché. Tal es mi antipatía que de tanto rechazo termino cayendo en lo típico, porque si no puedes con tu enemigo, mejor te unes a él. Ésta es una de esas ocasiones en las que recurro a lo propio de fin de año. Me consuelo con saber que más de uno odia los balances anuales tanto como yo. ¿A quién le interesa saber cuántas de las líneas que escribiste en tu lista de metas 2018 tachaste? ¿A quién le interesa saber tus fracasos y aciertos? A nadie más que a uno mismo. Creo que me aferro a este patético recurso como una forma catártica de despedirlo pero también de sincerarme con mi yo más mío. Leer Más

A day in the life

“Una joven embarazada y su pareja murieron aplastados tras el derrumbe de su propia casa”, arroja la televisión sin desatender su tono sensacionalista; “buscan a un menor acusado de balear por la espalda a una nena de cuatro años en un robo”, reza el titular de uno de los portales de noticias más importantes del país; “asaltó un colectivo, apuñaló a dos víctimas y casi lo linchan”, escucho que se escurre entre las noticias de un programa radial dedicado al rock nacional e internacional; “al final, se murió la nena de trece años sometida a una cesárea en la provincia de Chaco. Ni una vida ni la otra, ¿viste?”, es lo primero que me cuenta mi vecina después del “¿cómo estás?” cuando salgo a la noche a pasear a los perros. Leer Más

Acelerar

En mi perfil de Linkedin me describo como “simpatizante de las redes sociales” y, aunque a veces me parece una expresión un tanto exagerada, creo que es una de las líneas más acertadas de aquel párrafo escueto en el que nos vemos obligados a reducir nuestros gustos, capacidades, hobbies y experiencia profesional como si un par de puntos seguidos fueran capaces de definirnos por completo. Pero, ese es un tema que precisamente hoy no quiero tocar. Leer Más

La abuela Kika

El mismo barrio, aquella esquina y ese árbol de paltas que no deja de dar frutos. Me acerco al timbre de su casa, lo hago sonar. En realidad, me quedo pegada a él, prolongo el sonido sólo para que ella se cerciore, al escucharlo, que soy yo. Y entonces, abre la puerta. Viene corriendo como si se tratara de una urgencia. Me mira, sonríe, busca un par de segundos la llave correcta que destrabe el portón.  Me percato de sus mejillas sonrosadas que sobresalen de su tez pálida. Debe estar cocinando, pienso. Ella sigue buscando la llave. Leer Más