Acerca de Huecos de Magia

De amores y otros mitos: una aproximación a nuestras pasiones intrínsecas

Desconozco si dos décadas después las nenas y los nenes todavía recurren a él. En estos tiempos en que la tecnología se instaló para quedarse definitivamente y todo lo que sucede en nuestras vidas pasa por una pantalla, el cuaderno, “diario íntimo” o anotador, quedó obsoleto y resguardado en las estanterías de aquellas librerías que no pierden las esperanzas.

Podría decirse que yo era una fanática obstinada. Desde que aprendí a leer y escribir sentía una necesidad inexplicable de dar testimonio, de dejar registrado, al menos, en un trozo de papel los sucesos que consideraba más importantes de ese día. El primero de ellos lo estrené a la edad de seis años. Lunes a lunes, mes a mes, relataba mis cortas o largas jornadas: “el micro pasó a buscarme 6.30”, “la maestra nos hizo escribir un cuento”, “hoy la Seño Roxana nos enseñó los colores en Inglés”, “almorcé milanesas con papas fritas”, “hice la tarea”, “tomé chocolatada con Sonrisas”, “miré Chiquititas”…

Y así, como quien no quiere la cosa, transcurrieron más de veinte años: crecí, terminé la secundaria, comencé una carrera, me gradué de Periodista y Licenciada en Comunicación Social, sin embargo, los cuadernos en mi mochila siempre tuvieron su lugar. Aquí, debería abrir un paréntesis para admitir que la frecuencia cada vez fue menor. La falta de tiempo, el trabajo, los estudios, la vida social, las adversidades del camino, la llegada de mi computadora personal, el surgimiento de las redes sociales (por qué no),  suscitaron el abandono paulatino del lápiz y el  papel con los que solía compartir horas.

¿A qué viene toda esta perorata sobre mi idilio con los cuadernos y anotadores? La gradual desidia es un hecho, no obstante, y acá se viene la segunda confesión, jamás me atreví a deshacerme de ninguno de ellos. Si la nostalgia me juega un mano a mano, en la segunda ronda ya estoy pidiendo pista para ofrecer mi rendición. Además, me aferro mucho a las cosas. Me cuesta desprenderme de mis posesiones. Todavía no determiné si es un gran o mínimo defecto, pero nunca los pude tirar. Aquel diario íntimo de 12 por 10 cm de tapa dura con hojas rayadas, que cobijaba en su frente el dibujo de un elefante y un mono, fue el comienzo de todo y sigue intacto, guardado en una caja junto a muchos otros en el armario de mi habitación.

En estos momentos, mi parte más vintage prepara su artillería y me exige revancha. Sucede muy de vez en cuando, pero sucede: los rescato de aquel rincón tan oscuro, desempolvo las distintas superficies. Algunos, increíblemente, conservan el aroma inherente en sus páginas desde el día que llegaron a mis manos. Los hojeo, observo las fechas, me detengo a leer, sonrío, estallo en carcajadas (no puedo entender los disparates que se me cruzaban por la cabeza), me cuelgo, sigo una historia (porque no recuerdo su continuación), de repente una catarata de imágenes conocidas me conmueve, las secuencias se materializan en mi cabeza. Y recuerdo. Invoco instintivamente detalles, diálogos, sucesos y personas. Tantos que ya no están, tantos que llegaron mucho después.

Luego, vacío. La clave se oculta en la graduación. Parece como si el final de la secundaria se llevara con ella mi romance lunático con la pluma y el papel. El torrente de responsabilidades contribuyó al desamor. El primero y el más grande. Los deseos no se esfumaron pero mis ganas trastabillaban y cuando quería volver a apostar por nuestra relación, el desenlace era constante: la hoja toda tachada o la hoja hecha un bollo en la basura. Afortunadamente, los desencuentros no fueron eternos. Las aguas se calmaron y llegamos a una tregua. Volví a escribir y volví a disfrutar, volví a gustarme en las páginas escritas e impresas. Y llegaron las oportunidades: me vi colaborando en distintos medios; mis textos y párrafos, colmados de incoherencias que sólo yo entendía, llevaban mi nombre en la publicación. Los pequeños sueños empezaban a cumplirse…

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Huecos de Magia

No demoré en darme cuenta, pero sí en entenderlo. Tengo la suerte de contar con más de un refugio para sentirme reconfortada, para decir lo que a veces no se puede explicar con palabras, para expresarme de la forma que juzgo más correcta. La música, por ejemplo, es un universo que me apasiona; a su vez, necesito saber que hay un libro esperándome en casa para hacerme compañía; y viajar… Conocer, salir de la burbuja rutinaria para descubrir qué hay más allá de nuestra zona de confort. Sorprenderme con prácticas parecidas y muy distintas a las nuestras, quedar maravilla de paisajes a los que a veces sólo podemos acceder vía Internet, aprender otras lenguas, hablar e intercambiar pensamientos y concepciones con personas totalmente ajenas a mi mundo, interiorizarme en otras religiones y tratar de entenderlas (aunque ya no tenga fe en ninguna de ellas), pifiarla, por supuesto, porque de otra manera no podría aprender.

Fue en ese momento de frustración personal (mi crisis existencial N° 10.003) que las ideas comenzaron a caer a baldazos y, poco a poco, Huecos de Magia, cimentó su propio camino. Necesitaba un lugar, un denominador común donde esbozar todas las sensaciones que se almacenaban en mi interior. Hasta que llegó esa canción, una que tiene el poder de revivir con su letra y sus acordes recuerdos tan indescriptibles como felices. Me deslicé hacia la pendiente con las escasas herramientas de que disponía para unificar en un mismo espacio todos esos “huecos” que me seducen a diario, que traspasan las fronteras de lo ordinario porque desprenden puñados de magia sin precedentes, convirtiendo mi existencia en un cúmulo de energías intenso que puja constantemente por salir.

Entonces, nació Huecos de Magia, un espacio en el que me propuse para mí y para quienes gusten leerme, poder viajar sin límites por las rutas de la imaginación; un sitio en el que nos animemos a trepar los muros de nuestras debilidades y fortalezas, traspasar los paredones que nos insinúa un “otro”, relacionarse con lo extraño, lo diferente, hasta encontrarnos con la esencia de cada cosa, cada fragmento, cada ser… Enamorarnos todos los días de algo nuevo, cuestionarnos a nosotros mismos y, sobre todo, dejarnos llevar. Es necesario desconectarse unos minutos de la vorágine repelente de la coyuntura para abatatarnos con la diversidad que nos ofrece el arte. No tengo intenciones de relatarte historias que lees, escuchas y ves en los medios, no tengo ganas de despotricar y bombardearte con Política, Economía o (in)Seguridad, pero tampoco te aseguro que alguna vez no vaya a tener un desliz.

Mis “huecos de magia” son lugares que, considero, alguna vez hay que pisar, ciudades o barrios que atesoran historias que podrías escuchar más de una vez, pueblitos antiquísimos entre las nubes y montañas, esos que con solo intercambiar miradas te ponen la piel de gallina; no puede faltar la rama musical, protagonista y anfitriona de las bandas sonoras que convergen en nuestra vida y a las que, en mi opinión, habría que darles una oportunidad; de igual modo, dialogar con la literatura, con aquellos libros y autores que me cachetearon, que cambiaron mis perspectivas, los que generaron debates internos que aún no consigo resolver, los que me emanciparon de varias vendas que obstruían mi razonamiento y mi accionar, los que me mantuvieron en vilo hasta el final o me hicieron reír sin filtros; y por último, las personas: los iguales, los amigos, la familia, ese que te mueve toda la tierra, el extranjero, el distinto, el excluido, los que no tienen voz, los que simplemente encierran una experiencia que pide a gritos ser compartida.

El objetivo principal de este sitio es lograr empatía. Que te sientas identificado (o no) con los textos a futuro y que cada uno pueda exteriorizar sus propios refugios de resistencia contra los embates del día a día, aquellos huecos de magia, tan infinitos y subjetivos como las realidades que nos rodean.

3 comentarios sobre “Acerca de Huecos de Magia

  1. Exequiel Hėrcules Poirot

    Hola. Me encantó el resumen que brindas sobre tu relación con las letras. Seguiré el espacio y me anotaré en la que será mi sección favorita: Anaquel de relatos. Te dejo un saludo.

    Le gusta a 1 persona

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