Rodar ligera, rodar liviana

–  ¿Arrancamos? -, soltó dubitativa. Como si mis deseos anhelaran lo contrario; como si no estuviera luchando contra mis impulsos para controlarme, para no mandar todo al diablo, para no rajar sin aviso, sin horarios, sin fecha estimada.

Primero la derecha, luego la izquierda. Las piernas se entregaron a flotar en una altura poco prometedora. Se deslizaron, en principio, con dificultad. Pero a medida que avanzaban por una calle peligrosamente empedrada, los pedales aminoraron su resistencia. Leer Más