La abuela Kika

El mismo barrio, aquella esquina y ese árbol de paltas que no deja de dar frutos. Me acerco al timbre de su casa, lo hago sonar. En realidad, me quedo pegada a él, prolongo el sonido sólo para que ella se cerciore, al escucharlo, que soy yo. Y entonces, abre la puerta. Viene corriendo como si se tratara de una urgencia. Me mira, sonríe, busca un par de segundos la llave correcta que destrabe el portón.  Me percato de sus mejillas sonrosadas que sobresalen de su tez pálida. Debe estar cocinando, pienso. Ella sigue buscando la llave. Leer Más

Santa Teresa de las alturas, la favela que no fue

Una morena cincuentona de cabello prominente, asoma su rostro por aquel balconcito circundado de flores. Observa detenidamente: primero a la izquierda, luego hacia la derecha. Se cuelga ensimismada, con la mirada fija en un punto invisible sobre el horizonte hasta que se percata, cinco segundos después, que lleva en su mano diestra un recipiente lleno de agua. Sin embargo, aquella maceta de tierra seca nos advierte, mientras absorbe el líquido, que nada verde brotará de sus raíces descuidadas. Mientras tanto, en el piso inferior se ubica el almacén de Joao Mendes, conocido en el barrio por su pan de queso (pao de queijo) calentito a todas horas. Dos casas más adelante, sobre la calle Rua Paschoal Carlos Magno, se erige siempre atractivo el Bar El Cafecito, el más popular de la zona y uno de los más concurridos de Río de Janeiro. Los lugareños comentan que la birra helada es una parada obligatoria en la cantina antes de continuar camino. Leer Más

La alegoría del origen

Tomar impulso; saltar sin certezas; caer lentamente al vacío; sumergir el cuerpo, la voz de la cabeza tan difícil de apagar, las ideas inseguras que no terminan de aflorar; enfrentar la oscuridad cada vez más aturdidora; esperar el impacto que, según la ocasión, se da mañas para aletargar la bienvenida; tocar fondo; vencer en un descuido a la testarudez que nos impide abrir los ojos. Leer Más

De amores y otros mitos: una aproximación a nuestras pasiones intrínsecas

Desconozco si dos décadas después las nenas y los nenes todavía recurren a él. En estos tiempos en que la tecnología se instaló para quedarse definitivamente y todo lo que sucede en nuestras vidas pasa por una pantalla, el cuaderno, “diario íntimo” o anotador, quedó obsoleto y resguardado en las estanterías de aquellas librerías que no pierden las esperanzas. Leer Más