La insoportable repetición del tiempo

Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada”.
(La insoportable levedad del ser – Milán Kundera).

–  ¿Es necesario? Que no joda. Que se quede en su lugar, quietito. Nadie lo llamó.

Mientras leía y flashaba sobre el eterno retorno, me puse a pensar que los movimientos de rotación y traslación de los planetas hace rato nos están revelando algo. Supongo que todo se relaciona con todo aunque, en un principio, no seamos capaces de hallar una aguja en un pajar.

El maquineo empezó hace un par de tardes, tiradas en el pasto con una amiga, charlando de sucesos que se repitieron con personas que pertenecen a otro tiempo y, sin embargo, se empecinan en formar parte de este presente. O, ¿somos nosotrxs los que nos encaprichamos en tenerlxs en nuestras vidas a toda costa? Andábamos buscando explicaciones sin puntos de partida, respuestas sin raíces, porque es probable que nunca sepamos su significado pero, de todas maneras, intentaremos justificar, al menos, nuestro accionar.

Estoy mintiendo.

En realidad el maquineo lo arrastro hace meses. ¿Se acuerdan ese puto eclipse que me voló la bocha? Sucede que en los huecos libres, es decir, cuando no hay gente alrededor, no hay música sonando, no hay Netflix acaparando los momentos de ocio, no hay celular incitándome a chusmear, en otras palabras, cuando estoy “disfrutando” de mi soledad, no puedo evitar torturarme: ¿por qué?

¿POR QUÉ?

La mayoría de las veces lo silencio. En vano, claro. Porque tironea de todos lados y ahí te cae la ficha de lo retorcido que puede ser el destino. No nos damos cuenta, pero POSTA la vida nos tira señales todo el tiempo. Y créanme que me cagaba de risa de los colmos hasta que un día decís ¡PARA! Ya no me causa ni un poco.

Volviendo al tema de las señales. La vida nos va indicando el camino a seguir. ¿Y qué hacemos nosotrxs? La desafiamos. NO, le chantamos en la jeta. Ese sendero va en subida. Prefiero la bajada rápida y vertiginosa. Y entonces, ¿qué sucede? La ñata contra el paredón. JODETE, nos tira la muy sabionda. Nos encerramos; lloramos; desaparecemos; lloramos un poco más; salimos a dar una vuelta; luego, dos; reímos; reímos más fuerte. Y otra vez la bifurcación. YA SABES QUÉ CAMINO TOMAR, te dice esa insoportable vocecita. Se supone que aprendimos. LA SEGUNDA ES LA VENCIDA, le retrucas. Siempre creemos tener la razón. Y nos volvemos a dar alto porrazo.

Bueno, la tercera era la vencida.

Si ya conocemos el final del cuento y no nos gustó, ¿por qué lo leemos una y otra vez? Si sabemos que al tocar el fuego nos vamos a quemar, ¿por qué seguimos poniendo ambas manos? Si entendemos que la luz roja del semáforo indica que nos detengamos, ¿por qué decidimos cruzar de todas maneras arriesgando nuestra seguridad física y la de los demás? Si somos conscientes que ciertos vínculos es preferible romperlos y olvidarlos, ¿para qué los seguimos alimentando?

La vida es paciente, nos espera, nos da varias chances y, también, la oportunidad de descubrir por nosotrxs mismxs que estamos tomando la dirección equivocada. FLACX, POR AHÍ NO ES. ¿NO TE DAS CUENTA QUE NO FUNCIONA? Y nosotrxs, estancados en ese eterno retorno, no lo entendemos. No lo entendemos porque no queremos hacerlo. No nos percatamos que los únicxs tóxicxs somos nosotrxs mismxs. ¿De dónde viene esa obstinación en hacernos mal? ¿Por qué el autoboicot?

No quiero atormentarlos con esta relación de matrimonio que mantengo con el tiempo: un día estamos en guerra, al otro clavamos banderita blanca, al día siguiente no lo puedo ni ver y al rato lo quiero como a nadie. Pero mi amiga soltó una expresión tan simple, tan cliché en los libros y películas que consumimos que, puedo asegurar, es la primera vez que me mambea: el pasado siempre vuelve.

Busqué en los escritos de Nietzsche, leí a Milán Kundera en La insoportable levedad del ser (libro que recomiendo 200%), googlé y me encontré con nombres como Schopenhauer, me enfrasqué de esta teoría desde la perspectiva filosófica, literaria, incluso, desde la religiosa. No era una frase más dicha al pasar. El eterno retorno está condenado a suceder. Lo único que se mantiene relativamente estático es el presente. Por su parte, el pasado con todas sus pifiadas y todos sus aciertos está obligado a repetirse en un futuro próximo o lejano.

¿QUÉ CARAJOS? Te debes estar preguntando.

Entiendo que como el planeta Tierra, que gira sobre su propio eje y alrededor del sol, así transcurre el tiempo. Por momentos, me siento dentro de la serie alemana Dark (si no la viste, mirala) o que soy un personaje más de Bandersnatch, la película de Black Mirror. Al final, el tiempo es un círculo mafioso que nos estafa con una supuesta linealidad cuando, en realidad, el pasado vuelve inevitablemente camuflado para hacer de las suyas en el tiempo que se le cante.

Me pregunto si, al correr con la ventaja de conocer este defecto del tiempo, vamos a esperar que llegue ese momento que, en teoría, tiene que acontecer nuevamente y repetir los mismos errores o nos vamos animar a desafiar las leyes temporales para poder superar el estado del eterno retorno y continuar por un camino diferente, ese que te propone la vida, para seguir adelante.

El tiempo nunca fue lineal, es un círculo de fuego,
y si el reloj lo quiere, ayer nos vemos de nuevo”.
(Pantano – Wos).

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