Aquel incendio no se apagó

Se estremece el cielo cada vez que te nombro.
Entonces, escucho tu risa entremezclada con la lluvia.
Anoche, se desató una tormenta despiadada.

Te pensé.

Quizás, diciembre; quizás, el aire encapotado, asfixiante.
Arrojé mi cuerpo al agua. Tenía ganas de charlarte,
de convidarte un ratito esta alegría esporádica que a veces me visita.

Me abrazaste frío, me abrazaste violento.
El viento me alcanzó cada centímetro de la piel.

Te sentí.

Y, en plena oscuridad, un rayo.
Deseé que me partiera al medio,
deseé que esa luz tan intensa me apagara
para no tener que extrañarte,
para que no me duelas más.

Apagué la tele, silencié la radio.
Estreché contra mi pecho la viola que tanto solías amar
y que jamás me enseñaste a tocar.

Te escuché.

Resulta que las ausencias son más abrumadoras
que las presencias que jamás aprenderemos a valorar.

Los rock and rolles ya no saben igual,
desprenden un sabor amargo en cada acorde,
difícil de digerir.

Las melodías están pobres de magia,
les falta esa chispa de alegría, les sobra tanto estribillo
sin tus conciertos solitarios en plena ducha matinal.

15 años no parece tanto tiempo cuando arrancas a vivir la vida.
15 años parecen una eternidad sin tus abrazos,
sin tus carcajadas espontáneas y tan contagiosas.

Una nueva noche fría en el barrio en pleno verano.
El fuego logró consumir casi todo: tus sueños, tus logros, tus esfuerzos,
esos hoyuelos tan picarones que solo se te formaban cuando metías la pata.

Digo, casi todo, porque el fuego que se desató esa noche
no pudo incendiar ni tu recuerdo ni esta conexión tan intensa
que arde en mi bocha y en mi pecho cada vez que suena un tema de Callejeros.

¿Viste que los milagros sí ocurren?
Aprendí a añorar la lluvia para volver a escuchar tu risa,
para traerte un ratito conmigo, para contarte cómo va todo por acá.

Y cada vez que el cielo se desahoga,
se inicia ese ritual con los chaparrones que sólo nosotros conocemos:
me gusta agasajarte con las canciones que tanto te gustaba escuchar,
con esas canciones que repicaban en tu cabeza aquel 30 de diciembre,
esas canciones con las cuales te fundiste y te alojaron para siempre en nuestros corazones.

Lxs pibxs de Cromañón PRESENTES en este día y cada día.

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