Perotá Chingó: un viaje de encuentros cósmicos y terrenales

–  ¿Qué tal Perotá Chingó?

–  … -. Recuerdo que le sonreí y la miré fijamente. No tenía mucho tiempo puesto que mi interlocutora demandaba una respuesta inmediata. Entonces, pensé. Demoré varios segundos antes de contestar; todavía no sabía bien cómo describir aquellas primeras sensaciones. Un día después, sus voces aún me perseguían, rondaban en mi interior; resonaba un malambo sin pausa en la cabeza. Recapitulé de manera desordenada el show sabiendo perfectamente de antemano qué había sucedido cuando los músicos salieron a escena así como también tenía muy claro qué contarle a mi oyente. Lo cierto es que me daba vergüenza admitir lo que estaba a punto de manifestar. 

Siempre creí que los distintos encuentros con la música no eran casuales. Una banda, un artista se revela ante cada persona en un momento crucial de su vida. O, al menos, esa es la relación que yo establezco con los distintos intérpretes. Los orígenes de Perotá Chingó datan del verano de 2011, sin embargo, sonaron en mi reproductor cuando “Ríe Chinito” se había consagrado como un himno y su segundo álbum homónimo (2014) había alcanzado un éxito impensado hasta por los propios creadores.

“Qué lindas tus mañanitas de rocío y pasos cortos”.

Qué rápido generé empatía con esas canciones. Existía un deseo personal de realizar un viaje postergado al norte argentino que me conectó de una manera casi instantánea con esas melodías. Una noche no muy lejana, nos acobijaba el cielo estrellado del pueblo entrerriano de Colón y de fondo, escuchábamos a las pibas, nos acompañaban. Cerramos los ojos y las historias narradas en canción se proyectaban solas sin intermediarios: la piedra rodando cuesta abajo, las montañas imponentes frente a nuestros cuerpos finitos y pequeños y, al pie de la quebrada, el arroyo. Una atrás de la otra se sucedían aquellas películas de ensueño.

Luego, la multiplicidad de sonidos autóctonos: un runrún folclórico por aquí, un sonsonete armonioso de samba por allá, un repique de bombos danzando en la lejanía. El meneo de cabeza se vuelve inevitable y los párpados se dejan caer para permitir esa unión anticipada entre el artista, el paisaje que trazan con su instrumento y el cuerpo receptor que ya entró en un trance zigzagueante aspirando a estrellarse con el punto álgido de su tranquilidad. Una mecha se enciende y los sentidos celebran al son de nuestras vibraciones. ¡Qué difícil ignorar ese sacudón sinfónico de satisfacción!

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“Tu misterio es mucho más interesante que mi imaginación”.

(Vuelvo por un ratito a la pregunta inicial).

–  ¿Qué tal Perotá Chingó?

–  … -. Medité unas milésimas de segundos la respuesta que de todas maneras iba a darle y augurando que, tras escucharme, estallaría de risa en mi cara -. Sin palabras. Me encantó. Lagrimeé desde el primer tema -, escupí sin rodeos y tratando de resumir en un vaivén de sensaciones mucho más significativas que las expresiones por entonces insípidas que arrojé, un recital al que asistí sin expectativas y del que volví fascinada intentando ordenar mis puntos cardinales disparados en cualquier dirección.

Antes de continuar, me gustaría hacer dos aclaraciones fundamentales:

  1. Al manifestar mi chata respuesta, no sólo ella se rió. Yo también largué una carcajada torpe que se inmiscuía con más lágrimas salidas de no se dónde pero que tuvieron de responsable a mi inoportuna sensibilidad que, aquel sábado, estaba a flor de piel.
  2. Supongo que mis compañeros de recital no se percataron (¡por suerte!) de mi llanto silencioso. Claro que, si están leyendo esto ahora, se acaban de enterar. Perdón por tan poco. Gracias por tanto esa noche.

primer discoAclarado eso, no quisiera pasar por alto los motivos de mi emoción y esta verborragia frente a la pantalla. Julia Ortiz (la rubia) y Dolores Aguirre (la morocha de la guitarra), más conocidas en el mundo de la Internet como “Dolo y Maju”, son las voces de este proyecto que han decidido bautizar como Perotá Chingó. Es más divertido cuando lo cuentan sus protagonistas, pero si quieren entender el origen del nombre solo debemos remontarnos a sus canciones, prestarles especial atención para cerciorarse que el dúo femenino está en lo cierto cuando aseguran que les gusta jugar con las palabras. “Chingó” alude al término “amistad”, mientras que “perotá” es una expresión muy simpática utilizada por nuestros vecinos charrúas para decir que “está todo bien”, tuvimos que pasar por este garrón pero ya pasó, “perotá”.

El grupo lo completan Martín Dacosta en percusión y Andrés Villaveiran en los teclados. En el último show que brindaron en el ND Teatro (Paraguay 918, CABA) el viernes 17 de agosto,  tuve la oportunidad de apreciar sobre el escenario un show montado por los cuatro músicos con la participación de dos coristas, además de Diego Cotelo y Ezequiel Borra, artistas siempre presentes en estos encuentros de conexión cósmica y terrenal.

–  ¿Y qué te hizo emocionar?

–  Creo que fue una mezcla de sucesos que se fueron sincronizando hasta el día de hoy. Al principio, se tradujo en ofuscación. Me enojé conmigo misma por regresar a Perotá tarde. En realidad, no por el tiempo que transcurrió sino por las pausas, los berrinches, los abandonos y las negaciones que me permití hasta darle una segunda oportunidad al disco Aguas (2017) con el que tuve un desencuentro nada afortunado a primera oída. Voy a serte sincera, retomé esta tercera producción una semana antes del show y, sin darme cuenta, se convirtió en la banda sonora de mis mañanas en la oficina.

¿Y cómo desentenderse del instrumento principal por el que se destaca la banda? Dolo y Maju tienen voces privilegiadas. El show arrancó con “La Copla/ Vals de la Quebrada” y automáticamente me trasladé allí, a esa escenografía conmovedora que describían estrofa a estrofa. Me imaginaba a orillas del río contemplando el baile de los cerros, el canto de los animales, el espectáculo del cielo. No importa cuál sea el dispositivo que uses para reproducir tu música preferida: la tecnología jamás podrá superar el “vivo y en directo”. Por eso, los recitales todavía no se extinguieron; por eso, elegimos presenciarlos. Las voces de estas mujeres se acoplan de manera sencilla porque encajan perfectamente. De a ratos nos endulzan los oídos con su delicadeza, por momentos, nos zarandean con un vozarrón potente pero equilibrado. Sus tonalidades se van turnando y saben adaptarse a distintas situaciones. ¿Qué querés que te diga, hermano? No podía dejar de admirarlas.

aguasY por último, el estilo descontracturado que manejan, la osadía de producir música sin necesidad de encasillarla en ningún género en particular. Allí encuentro una coincidencia que me atrae y que se vincula con las formas que elijo yo misma para escribir. La mayoría de las veces, prefiero ignorar las reglas de la vieja escuela. Las palabras se van acomodando a su antojo, como salen, como ellas quieren, las dejo ser para que se expresen mejor. Mi repertorio diario goza de una amplia variedad musical porque supongo que de otra manera me aburriría. Entonces, suena Perotá y pienso que las canciones no deberían estar atadas a la exclusividad de una única categoría. Pretender que el arte exponga un contenido uniforme es violar cruelmente la libertad de expresión.

La “Ines-tabilidad” rítmica y espiritual de Perotá Chingó es la rueda que me trajo esta tarde al escritorio y suscitó los párrafos anteriores. Insisto, cuando las oportunidades se presentan hay que saber aprovecharlas. El show en vivo me subió a un tren solo de ida en el que pude comprender la onda de este cuarteto que no para de crecer y engancharme a su movimiento de constante mutación. Ahora, viajo todos los días a los lugares donde volvería siempre con el sol, las montañas y el río de testigos.

“Atrévete a flotar en brazos de un mundo terrenal. Sé consciente de tu espacio cuando te abras al viento”.

¡Que nunca nos falte una guitarra en la playa para mandarnos el acústico de nuestras vidas! Cabo Polonio, Dolo y Maju, la cámara espontánea del Pocho Álvarez y una de las canciones más hermosas que escuchamos a orillas del mar. Si se trata de buscar un responsable, “Ríe Chinito” se lleva todas las fichas. Verano de 2011, unas vacaciones que pretendían ser gasoleras: recorrer la costa uruguaya con los mangos que sacaran a la gorra y volver renovadas a sus casas para retomar la rutina. Sin embargo, el sol empezó a ponerse, el atardecer pintaba majo y los espectadores exigían fogón o, al menos, un par de canciones frente a las olas serenas que eclipsaban a sus visitantes. Allí, se conoció por primera vez el relato del Chinito con los ojos morochos más lindos. Meses después, el video se subió a Internet, el Chino emocionó a más de uno. Y el resto, es historia conocida.

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Fotografía de portada: Pochography.

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