Prohibido morir aquí

“A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes, ¿entiendes? Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos, las enfermedades de la niña y de mis padres que envejecían, de los problemas de dinero. Cada uno de nosotros alguna vez deseó huir de todo aquello. Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesita”. (Prohibido morir aquí – Elizabeth Taylor).

Esta novela me la metieron hasta por las narices. Bueno, resulté ser bastante influenciable porque cuando se me terminó todo el material pendiente que tenía para leer, salí corriendo a buscarla. Y, a decir verdad, considero que está sobreestimada. ¡OJO! Estoy haciendo una apreciación completamente personal. No hablo de la historia sino de las formas que utilizó la autora para contar el relato.

No siempre me gustan los libros que leo pero sí intento terminarlos. ¿Será una especie de TOC? No sé y mucho menos tengo la intención de comparar mis “mañas” con los trastornos obsesivos compulsivos que son algo serio.

Supongo que nos pasa a todes. Algunas historias nos atrapan desde el prólogo y no nos sueltan hasta el punto final. Creo que, de algún modo, buscamos identificarnos con la vida de uno o varios personajes, con sus puntos de vista, con sus formas de proceder. Y, a la vez, hay otras historias con las que no logramos empatizar, nos cuesta enganchar su ritmo. Esperamos impacientes que algo suceda y ese algo nunca llega. Hay un hilo que se vuelve imperceptible y se nos dificulta encontrarle la vuelta de tuerca.

Prohibido morir aquí pertenece, desde mi criterio, al segundo grupo de historias. No apruebo los relatos con desenlaces fáciles, donde la vida de los personajes se resuelve repentinamente sin grandes argumentos. Y ya que estoy siendo sincera, rara vez me gustan los finales de las historias (¿otra maña/defecto?). Sin embargo, quiero rescatar los puntos que sí considero favorables de la novela. Existe una fuerte tendencia a reflexionar sobre los últimos años de vida de la tercera edad.

Mientras me adentraba en la vida de Laura Palfrey no podía dejar de pensar en mis abuelas: ambas jubiladas y viudas hace varios años. Aparte de mis viejos y  hermanos, mis abuelas son los únicos familiares ajenos a esta casa. Me encanta ir a visitarlas, lo considero un gran cable a tierra. Pero soy consciente que, quizás, no comparto con ellas el tiempo suficiente. En este sentido, Taylor es contundente en su literatura y nos describe el esfuerzo diario de un grupo de abuelos por llevar una rutina digna y no terminar olvidados, solos y decrépitos en un geriátrico.

Para cerrar este posteo me gustaría decirles que si tienen abuelos vayan a visitarlos tanto como puedan. Comparten unos mates, una partida de 15, intercambien novedades, escúchenlos, abrásenlos, díganles cuánto los quieren. La vida es impredecible y pasa tan rápido.

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