Teoría King Kong

“No son los hombres los que deberían sentirse responsables cuando se van de putas pero no votan las leyes necesarias para que ellas puedan trabajar tranquilamente. No es la sociedad la que debería sentirse responsable cuando vemos en todas las películas a las mujeres haciendo los papeles de las víctimas más atroces. Somos nosotras las que debemos sentirnos responsables. De lo que nos sucede, de negarnos a palmarla, de querer vivir para contarlo. De abrir la boca. Ya conocemos esa cantinela, la que dice que tienes que sentirte culpable de lo que te sucede”.

Hace un par de días terminé de leer Teoría King Kong de la novelista y directora de cine francesa (a esta altura, ¿hace falta aclarar “y feminista”?), Virginie Despentes. El libro que hace las veces de ensayo, fue lanzado en 2007, sin embargo, la editorial Penguin Random House lo reeditó (2018) con una propuesta de tapa que habla por sí sola: al rojo vivo.

En su momento, se consideró el manifiesto de la tercera ola feminista que emergió revoleando los tacones, sin pelos en la lengua, avasallante de las contradicciones y cuestionador de los cimientos que una vez supo construir el patriarcado. Me encantaría detenerme en este punto y hablarles de todos los tópicos que toca la autora en tan solo 176 páginas. No obstante, hoy quiero detenerte en la cita que inicia este posteo.

Esta tarde, volvemos al Congreso. El proyecto por la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) se presentará por octava vez en El Salón de los Pasos Perdidos y ahí estaremos nuevamente acompañando la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. No es casual que este martes nos encuentre reunidas ya que se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Entonces, pienso en el recorrido de esta necesidad devenida en urgencia que tanto nos está costando ponerla entre las prioridades de la agenda estatal.

Y se me ocurre que, quizás lo sabemos, pero no somos plenamente conscientes que la insistencia en visibilizar ésta y tantas otras problemáticas pendientes es una responsabilidad exclusiva de nosotras. Desde el Ni Una Menos hasta teñir de verde el Congreso y sus alrededores con miles de nosotras acampando en las calles con temperaturas heladas y lluvias sin piedad.

Me emociona pensarnos como el feminismo contemporáneo que está construyendo las trincheras para el futuro. Me encanta vernos combatir con convicción en los distintos ámbitos de nuestra vida. Es que el hartazgo nos llevó a la acción. Nos hicimos (¡por fin!) cargo de lo que nos pasaba. Lo siento gente, pero el silencio será en otra ocasión. Porque aprendimos a no callarnos; aprendimos a no volver a bajar la mirada; aprendimos a retrucar y exigir lo que siempre nos perteneció. Entonces, en este sentido, coincido con Despentes. Levantarnos y salir a dinamitar todo era nuestra responsabilidad. Y ahora, también es nuestra responsabilidad lograr que entiendan que nadie nos puede obligar a parir, que la maternidad tiene que ser deseada o, de lo contrario, nos están violando, y que sólo nosotras podemos decidir sobre nuestros cuerpos.

¡Hasta que sea ley, compañeres!

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