Biografía autorizada de Isabel Allende: Paula

Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte, la vida es puro ruido entre dos insondables silencios”.

Si llegamos a este mundo teniendo que tolerar un contrato preestablecido; si vivimos teniendo que respetar las leyes de la naturaleza; si comenzamos a respirar sabiendo de antemano que un día dejaremos de hacerlo, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar la muerte? Cada vez que leo este tipo de historias, comienzan a rondarme los mismos cuestionamientos. La mayoría de nosotrxs es consciente de todo esto, y, sin embargo, la pérdida de un ser querido sigue siendo el dolor más grande que tenemos que enfrentar.

001Quiero contarles que Paula de la escritora chilena Isabel Allende, autora de quien ya les hablé en varias oportunidades, fue un libro que me costó terminar. No por falta de tiempo, no porque fuera extenso, no porque me aburriera, sino por la intensidad sentimental y personal que carga el relato en su totalidad. Tras finalizar cada capítulo, necesitaba distanciarme de la lectura porque los acontecimientos que se suceden entre aquellas páginas lograban descarrilar mi atención hacia mi propio pasado. Y, a decir verdad, las partes más oscuras de nosotrxs mismxs son habitaciones que no tenemos ganas de volver a visitar.

Las obras más destacadas de Allende comienzan con una pérdida. El mecanismo de defensa que encontró para sobreponerse al dolor fue derramar sobre el papel todo lo no dicho a tiempo, aquellas palabras enredadas entre falsas promesas, mentiras bien intencionadas, secretos, experiencias y cursilerías de quien admite que “querer bien” es algo que también se aprende. De esta manera, se convirtió en la escritora que conocemos hoy. Recordemos La casa de los espíritus (1982), el retrato en prosa de cuatro generaciones de la familia Trueba que acompaña los movimientos sociales y políticos que sucedieron al período poscolonial en Chile. En resumidas cuentas, una estampa artesanal de su propia familia, un intento de homenaje y una carta de despedida a su abuelo, quizás la persona más influyente en la vida de Isabel.

Algunos años más tarde, se publicó Paula (1994). Definitivamente, no estaba en sus planes y, en otras circunstancias más favorables, jamás hubiera deseado el lanzamiento de esta novela autorreferencial porque, sin proponérselo, terminó escribiendo su propia biografía. El desencadenante fue Paula, su hija de 28 años que, en diciembre de 1991, cayó gravemente enferma y, poco después, entró en un coma profundo que mantuvo a Isabel y a toda su familia en vilo durante varios meses entre las cuatro paredes de una fría habitación de hospital.

El insomnio, el cansancio, la incertidumbre, la amargura, el vacío agónico con el que se marchaban los días sin noticias buenas o malas, las tradujo en una extensa carta que comenzó a escribirle a su hija para que, cuando despertara, pudiera estar al tanto de todos los sucesos que tuvieron lugar durante esos meses de inconsciencia. El escrito, sin fecha de envío en el calendario, recorre la infancia de Isabel, la casa de su abuelo, los veranos en la cabaña a orillas del mar; asimismo, conocemos a la Isabel adolescente, anécdotas de los países en los que vivió y estudió debido a las responsabilidades diplomáticas de un padrastro que siempre quiso como el padre biológico que no recuerda porque se tomó el palo a la primera de cambio, sus primeros amores, aquellas pasiones que difícilmente borre un anillo de compromiso.

Entonces, llegó el momento del matrimonio. La imposición social de formar una familia luego de los estudios universitarios. A esta altura, la historia es conocida: sus esfuerzos inagotables por conseguir un lugar dentro los medios de comunicación siendo mujer, con todo lo que ello implicaba en la década setentista en un país latinoamericano. Esta etapa de Isabel es la más fresca entre sus lectores asiduos, no obstante, la más interesante porque salen a la luz secretos que ni sus propios hijos, Nicolas y Paula, sabían. Son los años más duros de Chile: la muerte de su tío, Salvador Allende, el toque de queda, el “vale todo” por las fuerzas armadas del Estado, las desapariciones, las torturas, los asesinatos, la privación de varias libertades (por no decir, todas), la dictadura de Pinochet entre 1973 hasta 1990 que implicó el exilio de Isabel y su familia, refugiados durante casi dos décadas en Caracas (Venezuela).

Isabel y sus hijos
Isabel y sus hijos, Nicolás y Paula

Desde la perspectiva de alguien que suele escribir mucho de ella misma, considero que no hay tarea más difícil que hablar de uno en primera persona. Isabel expuso cada detalle de su vida con nombre y apellido de los personajes que intervienen y no tuvo pelos en la lengua para abrirse a los lectores que estuvieran dispuestos a adentrarse en los confines más desdichados y virtuosos de sus primeros cincuenta años de existencia. Desde los inicios del relato, nos convertimos en confidentes de una mujer que, si estamos dispuestos a conocer, no es diferente a ninguno de los mortales que disfrutamos leyéndola.

Solemos imaginar que los virtuosos o los escritores que admiramos solo conocen de tinta y borrones, de manuscritos eternos que siempre triunfan, de teclados re contra gastados, de best sellers y de autógrafos, de viajes por las ciudades más lindas del mundo y de café, de una vida soñada basada en un cuento de hadas. Como si no enamoraran y les rompieran el corazón, como si no tuvieran hijxs, como si no perdieran a un ser querido, como si no hubieran tropezado tantas veces con la misma piedra que ya conocen el recorrido de memoria, como si no coleccionaran cicatrices, como si no les hubieran cerrado incontables veces la puerta hasta que consiguieron el sí, como si cada pena o decepción no los hubiera fortalecido y convertido en las personas que pueden escribir maravillas sobre una hoja de papel y transformar nuestro mundo.

Como no tengo intenciones de spoilear el libro, me veo en la obligación de cerrar el texto acá. No puedo adelantarles si esta extensa carta de memorias cayó o no en las manos de su destinataria. Sí puedo decirles que al llegar al punto final, me figuré esta novela como la biografía autorizada de Isabel Allende que fue titulada de la forma menos esperada pero que, de todas maneras, funciona a la perfección como enganche. Y, aunque me haya costado terminarla, es una lectura que recomiendo para entender el origen de cada una de las historias de la escritora: por qué cobran vida en la pantalla de su computadora en una fecha particular, por qué están perfectamente justificadas y por qué ninguna es ficción pura sino que todas desprenden sus toques de realismo mágico, ese género que tan bien nos sabe atrapar.

Isabel y Paula
Isabel y Paula

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