Matar a un ruiseñor

“No se puede; pero ellos podían, y lo hicieron. Cuanto más crezcas, más a menudo lo verás. El sitio donde un hombre debería ser tratado con mayor equidad es una sala de justicia, cualquiera que fuese su color; pero la gente no es capaz de dejar afuera del recinto del jurado sus resentimientos y prejuicios. A medida que crezcas, verás a los blancos estafando a los negros, todos los días de tu vida, pero te diré una cosa, y no la olvides: siempre que un hombre blanco abusa de un negro, no importa quién sea, ni cuán rico sea, ni cuán distinguida haya sido la familia de que procede, ese hombre blanco es basura”.

Hay varios títulos que fueron tildados como “clásicos” y les aseguro que dicha denominación no es en vano ni una mera arbitrariedad. Sobre todo, cuando hablamos de literatura. Solemos pensar lo clásico como lo imprescindible, como lo que estamos obligados a conocer, como el modelo a seguir. Desde esta perspectiva, no estamos tan errados, sin embargo, yo le agregaría a este atributo su capacidad innata de dejarnos plantada una semilla de reflexión sobre lo que sea: amistad, amor, desigualdad, injusticia, traición, superación, feminismos, etc. Y en segunda instancia, la sensación, al finalizar la lectura, de haber terminado una buena historia.

Matar a un ruiseñor de la autora estadounidense Harper Lee es una novela que hace rato me esperaba en mi lista de pendientes. Antes de sumergirme entre sus páginas, mi amiga Vicky me había dicho lo mucho que le gustó y yo teniendo en cuenta sus palabras santas, lo arranqué expectante.

La obra se publicó en 1960 aunque el relato nos invita a conocer el pueblo ficticio de Maycombs en el estado de Alabama ambientado en los años 30, momentos críticos de la Gran Depresión. El libro es narrado a través de la mirada de Jean Louise Finch (Scout), una niña de seis años hija del abogado más conocido del condado, Atticus Finch. La pequeña junto a su hermano Jem (11) vivirán una serie de eventos a lo largo de los tres años en los que transcurre el relato a partir de los cuales se dispararán diversas miradas sobre la vida y cómo se maneja el mundo que los hará madurar a temprana edad.

La historia se convirtió en un clásico del siglo XX por su temática principal: la segregación racial presente en esta localidad sureña de los Estados Unidos y que se hace patente en el caso judicial en el que participa Atticus como abogado defensor de Tom Robinson, afroamericano, quien es acusado de violar y golpear a una joven blanca. Además de este caso particular, la autora nos describe distintas escenas para dejar asentado el odio injustificado de la sociedad estadounidense hacia las personas de color, un desprecio que se vuelve palpable, en las que son tratados con inferioridad, la justicia no puede responder por ellos y en este mundo no tienen posibilidades de crecimiento.

El caso judicial es una seguidilla de capítulos que no tiene desperdicio pero quisiera rescatar, también, lo que más disfrute como lectora: los diálogos. Existe una relación única entre Atticus (viudo y padre soltero) y sus dos hijos que se va tejiendo de manera sólida hasta el final del relato. Además de ser familia, son un equipo. Conforman un tridente irrompible. Vemos crecer a los niños entre veranos eternos, juegos y travesuras, cuestionando hasta el cansancio a su padre. Y él logra responder a sus dudas mostrándole diversas visiones sobre el mundo y la importancia de empatizar, de ser capaces de ponerse en el lugar del otro para poder considerar las cosas desde su punto de vista.

Lisa y llanamente, es una historia hermosa. Harper Lee se inspiró en un caso real que tuvo de protagonista a su propio padre al hacerse cargo de la defensa de dos hombres negros que habían sido acusados de matar a un tendero blanco en la localidad de Scottboro (Alabama, EE UU). Con esta primera y única novela conocida hasta 2015, la autora ganó el premio Pulitzer en 1961 y, un año más tarde, el director Robert Mulligan la llevó a la pantalla grande convirtiéndola en ganadora de dos Oscar de la Academia al Mejor Guión (Horton Foote) y Mejor Intérprete Masculino (Gregory Peck).

En cuanto al título de la obra, no quiero contarles de qué va porque considero que es un libro que todxs debemos leer. Prefiero que cada quien haga su propia interpretación. Y ya que estamos, nunca está de más complementar la lectura con su versión audiovisual. No se olviden de buscar la peli.

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