Arde

Arde
como ese domingo de otoño que supimos que era el último abrazo.
Arde, arde mucho
como ese mensaje que no pude responder
pero tampoco fui capaz de borrar.
Arde
como tener que caminar por las mismas calles
sin que me sujete tu mano.
Arde, arde un montón
como cuando tu boca soltó sin trastabillar
que ya no eras feliz.
Arde, no deja de arder
como ese café que me quemó la garganta, la lengua
y las ilusiones
porque te olvidaste de cortarlo con un poco de leche.
Arde casi hasta la asfixia
como esas primeras noches en las que tuve que sobrevivir
sin tu voz.
Arde, arde con desenfreno
como las veces que despierto y tengo que aceptar que sólo se trata
de un sueño.
Arde, arde hasta la desesperación
como el sol de las tardes de verano
apuntando con toda su elegancia
sin preámbulos ni contratos
contra mi piel astillada.
Arde, arde hasta el knock out
como ese viernes que di un portazo
creyendo que me saldría nuevamente con mi capricho
y no corriste detrás de mi.
Arde, arde mucho.
Arde, no deja de arder.
Arde lo que no sucedió.
Arde el futuro que planeamos y se evaporó
en aquellas copas de vino.
Arde el error, arde lo inesperado.
Arde el beso que fue bienvenida, arde el beso que fue despedida.
Arde la ceguera, arde eso que no vi a tiempo,
arde todo lo que construimos durante años y se derrumbó en cuestión de minutos,
arde dejar los escombros atrás.

Arde que ya no seas la que me cura las heridas
cuando todo se empieza a
incendiar.

2 respuestas a “Arde

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