Casi

Martillamos la última ilusión
cuando escupiste ese suspiro.

Estábamos llegando.
Después de todo, había una luz
al final del túnel.

Casi abrazamos un pedacito de cielo.
Casi.
Siempre todo es “casi” con vos.

Tuviste la voluntad de ponerte en nuestros zapatos,
casi te sale un brote de piedad
pero tu orgullo mostró la hilacha.

Deseaste hacernos parte
abriste la puerta para liberar, también,
a la verdad.
Apuntaste directo al corazón de tu ego
decidida a expulsar todo el veneno.
Casi detonas lo que quedaba de podredumbre
pero el temor a parecer débil te hizo renunciar.

Valoraste el silencio,
entendiste que la soledad es un privilegio,
casi se te escapa una disculpa de tu boca jamás cerrada
pero el rencor te volvió a ganar,
sacaste todos los trapitos al sol
que se secaron
hasta resquebrajarse.

Las piernas pesan como yunques otra vez.
Nos quitaste hasta las ganas de caminar a ciegas,
guiados por el instinto de seguir juntxs y avanzar.

Algún dejo de calidez debes sentir
en ese callejón oscuro
en el que elegís
refugiarte.

En más de una ocasión te jactaste de marcharte sola
y tomar el atajo.
Te fuiste.
Casi lo logras.
Casi.
Pero volviste.
Cada tanto, volves
para seguir siendo aquello que se interpone
en nuestro camino,
la que nos apaga la risa
y nos bloquea esa pequeña porción de cielo
que a veces nos damos el lujo de contemplar.

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