No se puede

No se puede ser la misma persona.

No puedo ser la misma que conociste una tarde de primavera comprándose un súper pancho con mayo y papitas. Hoy ni siquiera me apetece la carne. No puedo ser la misma. No me reproches la forma en la que te quería, solía idealizar a la gente que me rodeaba. No intentes convencerte que lo que nos unía se murió en alguna discusión sin sentido, que el cariño desapareció en aquella película que yo tenía muchas ganas de ver mientras vos decidiste que no te pintaba acompañarme, para la que te atrincheraste en una negativa con justificaciones disparatadas que no entendí en ese momento y seguramente ya no lo pueda hacer. No me cuestiones la manera en la que mi cuerpo se desenfrenaba de emoción al verte a lo lejos deseando abrazarte hasta la ancianidad. Crecer implica no ser la misma que te esperaba cada domingo con besos, cosquillas y el termo para los mates amargos. No puedo seguir siendo la misma. No me hostigues con mis propias palabras. Recuerdo que en más de una ocasión te dije “para siempre” pero entendimos al mismo tiempo que ese es uno de los tantos errores de la matrix o una falacia del lenguaje. Incluso hoy pienso que es la expresión más contradictoria. “Para siempre” no existe. “Para siempre” se termina. Antes o después. “Siempre”, siempre tiene un fin. No puedo seguir siendo la misma después de la despedida. No te embronques. Aceptalo. Me costó mucho convivir con cada una de mis partes en proceso regenerativo en una misma casa. No puedo ser la misma después de levantar en pala a cada uno de tus fantasmas y que se fueran por el inodoro junto con todas las promesas que no cumplimos. Me llevó varias botellas de vino, noches y noches en vela y demasiadas lágrimas sin consuelo procesar que los sueños que alguna vez tuviste dejaron de incluirme en tu futuro. No puedo ser la misma. No quiero ser la misma que creyó ciegamente que no merecía tener tanto de lo bueno y por creerlo se estampó contra el paredón de sus inseguridades perdiéndolo todo. Nadie puede ser la misma persona luego de barrer el polvo de uno mismo, reconocer en la piel nuevos moretones y cicatrices, sentirse un poquito más sabio que ayer. Nadie puede ser la misma persona después de inmolarse de orgullo y vanidad y sorprendentemente, sobrevivir para contarlo. No se puede.

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